En la madrugada del 21 de septiembre pasado, Maximiliano Velázquez, quien había sido detenido por robo agravado, fue encontrado muerto en un calabozo de la comisaría Sexta de Tolosa (1 528 y 529).

Según Martina Raffetto, la abogada de la familia, Velázquez “se descompuso a las tres de la madrugada en el baño. Empezaron a llamar a la Policía para que lo saque, lo arrastraron a un patio intermedio y ahí lo dejaron tirado un rato más. Los otros presos veían que aún respiraba y pidieron ayuda”.

El preso no recibió RCP ni asistencia médica, ya que la policía no llamó a la ambulancia.

Si bien la autopsia llevada a cabo por el Poder Judicial determinó que no había habido golpes previos a su muerte, un testigo aseguró que la policía lo había tirado como “una bolsa de papas” y que “lo dejaron morir”.

El testigo también dijo que tanto él como otro preso de la Comisaría habían sufrido presiones de la Policía para que no contaran lo que había pasado, porque sino se iban a comer un “montón de años adentro” y que lo que debían decir era que Velázquez “se descompensó y murió”.

Los abogados que representan a la familia de Velázquez temen por la vida del testigo de identidad reservada, quien declaró contra la Policía frente al fiscal Marcelo Romero, y hoy sufre el hostigamiento, las amenazas, la tortura y los traslados continuos por parte del Servicio Penitenciario.

Raffeto dijo que en la cárcel “le sacaron un ojo y le perforaron un pulmón”, que “le quemaron la cara con agua hirviendo”. “Lo van a matar, no duerme, no aguanta más, está totalmente marcado por la policía” amplió.

Por las torturas por parte de los agentes penitenciarios, la abogada presentó tres hábeas corpus en el Juzgado de Garantías N° 5. A su vez, la Comisión Provincial de la Memoria presentó otros dos recursos.

Así como el caso de Velázquez es una muerte bajo tutela del Estado, el testigo de su causa también corre peligro en un establecimiento estatal: “Está atravesando una situación de tortura y soy consciente de que es algo naturalizado dentro de las unidades carcelarias como si fuera una parte más del castigo”.

La abogada también denunció la burocracia para saber sobre el paradero y la responsabilidad de la jueza a cargo del caso. “Está naturalizada la tortura como se naturalizaban las desapariciones en la dictadura militar”, agregó.


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