Recopilación por Oscar Labadie

Dicen que en 1882, año de la fundación de La Plata, una bruja de la localidad de Tolosa le habría echado una maldición a la urbe todavía por construirse. Desde entonces, la ciudad y muchos políticos bonaerenses pagan las consecuencias.

La bruja había sido contratada por el entonces presidente de La Nación, Julio Argentino Roca, para que impidiera que el gobernador Juan José Dardo Rocha llegara al Poder Ejecutivo. Ambos aspiraban a la primera magistratura.

Cuando cayó la noche de la jornada en que se colocó la piedra fundacional, la bruja, acompañada por una decena de hombres, fue hasta el lugar y se robó unas botellas de vino y champaña que habían sido sepultadas con el propósito de que fueran desenterradas un siglo más tarde.

Bebiendo y girando en el sentido contrario a las agujas del reloj, echaron sus maleficios. El rito terminó con la mujer orinando sobre la piedra de fundación de la ciudad. Así, junto a la ciudad que nació meada, también germinó la “Maldición de los Gobernadores” que –según cuentan los que saben– no sólo alcanzó a Dardo Rocha sino también a Oscar Alende y Antonio Cafiero.

La maldición de la bruja tolosana impidió por más de un siglo que los gobernadores de la provincia de Buenos Aires llegaran a la Presidencia de la Nación. Las malas lenguas dicen que ―al final de cuentas― quizás no haya sido una maldición, sino todo lo contrario.

A mediados de 1999, en la Plaza Moreno de La Plata, un grupo de entusiastas peronistas hizo una ceremonia de exorcismo para romper con el hechizo y permitir que el por entonces gobernador Eduardo Duhalde lograra sentarse en el sillón de la Casa Rosada. En las elecciones presidenciales de 1999 fue derrotado por el luego presidente Fernando De la Rúa. El exorcismo fracasó.

Pero en enero de 2002, en medio de la crisis y con un Gobierno descabezado, la Asamblea Legislativa designó a Duhalde para que ocupase la Presidencia de La Nación. ¿La maldición estaba rota?

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“Aquí haremos una escuela”, dijo el padre José Antonio Santolín, mientras señalaba el terreno ubicado en 115 entre 530 y 531, localidad de Tolosa, donde se jugaba a las bochas y al fútbol. Corría el año 1950. Poco tiempo pasó para que lo dicho se convirtiera en realidad. El 10 de marzo de 1957 sonó, por primera vez, la campana del colegio Nuestra Señora del Carmen.

El 14 de setiembre de 2005, 48 años después de aquel campanazo, Santolín falleció en la parroquia San Juan Bautista, de Florencio Varela. Tenía 96 años y estaba debilitado por la diabetes. El fundador del establecimiento fue párroco de Tolosa durante 41 años. La obra de Santolín dejó una marcada huella en La Plata.

En 1941, fue nombrado para trabajar en el Seminario platense; allí ocupó cargos de vicerrector, ecónomo y profesor. Nueve años más tarde, asumió como cura párroco en el Carmen. Santolín, con el apoyo de la comunidad, comenzó la edificación del colegio, con una pequeña guardería para chicos de 5 años. En poco tiempo, dejó inaugurado el jardín y el primario. El 19 de marzo de 1962, se inició el secundario en un aula de la escuela primaria.

El Padre Santolín había nacido el 11 de septiembre de 1909 en el pueblo de Creazzo, ciudad de Vicenza (Italia). A los 17 años, llegó a nuestro país acompañado por su madre y siete hermanos –el papá y otros cinco hermanos habían viajado antes– en 1926.

Ingresó al Seminario de Villa Devoto, donde terminó sus estudios secundarios, de Filosofía y Teología. Se ordenó sacerdote el 19 de diciembre de 1936. La primera misa la celebró el 25 de diciembre de 1936 en la actual Catedral de Quilmes. Y su primer destino parroquial fue la Catedral de Mar del Plata. Luego volvió a La Plata, y permaneció en el colegio del Carmen hasta 1990, cuando pasó a Florencio Varela.


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