Recopilación por Oscar Labadie

El barrio de las Mil Casas, ubicado entre las calles 522 a 524 y 3 a 4, comenzó a tomar forma en el 1800, cuando arribaron en tren desde la Ciudad de Buenos Aires, vastos contingentes de albañiles para darle forma a las viviendas.

La presencia de los trabajadores llamó la atención de los vecinos pero no así de los funcionarios de rango en aquella La Plata, quienes aplicaban todo su esfuerzo al nacimiento de la nueva capital de la provincia de Buenos Aires.

Al poco tiempo de que hicieran su aparición en escena, comenzaron las especulaciones e intrigas con respecto a los albañiles: ¿cuántos eran?, ¿quiénes los mandaba?, ¿por qué venían?, se preguntaban muchos tolosanos mientras veían cómo se levantaba la construcción y, a pesar de que el diseño original contemplaba 216 viviendas, comenzaron a llamarlo el “barrio de las mil casas”, tal vez movidos por el temeroso respeto que generaba ese misterioso laberinto.

A partir de sus vinculaciones políticas, el potentado capitalino Juan de la Barra recibió el dato de que Tolosa sería cuna de numerosos contingentes de obreros inmigrantes mucho antes de la construcción de los galpones ferroviarios.

Con esa información, él y su esposa, la escritora Emma de la Barra, invirtieron capitales en la construcción del barrio que sería prontamente habitado por los trabajadores.

Pero los cálculos no resultaron según lo planeado. El barrio recién se terminó en el año 1882 y no fue habitado por los obreros que trabajaron en la construcción de los talleres del ferrocarril. Fue poblado, en parte, por algunos trabajadores inmigrantes que reparaban locomotoras y coches en los talleres y también algunos operarios de los Molinos La Julia.

 

La presencia de los inmigrantes y su asentamiento en el barrio de las Mil Casas trajo variados comentarios. Desde que allí se ocultaban ladrones y bandidos, a ruidos extraños en la noche, todo lo que se salía de los cánones de normalidad era fruto de lo que ocurría dentro de ese misterioso barrio.

Pero la preocupación no duró demasiado. Debido a los vaivenes de la economía, en 1905 los talleres de ferrocarriles fueron trasladados al barrio capitalino de Liniers y hacia allí se desplazó el numeroso flujo de inmigrantes. A las pocas semanas el barrio quedó completamente deshabitado.

Algunos vecinos señalaron que el repentino desalojo se correspondía con la presencia fantasmal de un viejo campamento indio a poca distancia de allí, pero lo cierto es que de ese cúmulo de dialectos y costumbres extranjeras sólo quedó silencio.

Mientras en Tolosa se multiplicaban las preguntas, en Buenos Aires las cuentas del matrimonio no cerraban. El crédito, que aún no se había terminado de pagar, fue una cuenta pendiente que Ema de la Barra, viuda desde 1904, no pudo saldar. Con los años, se fue alejando de los negocios.

El Banco Hipotecario decidió, en 1910, rematar la construcción de las Mil Casas. En aquel entonces resultó muy difícil encontrar un comprador y el barrio quedó, por largo tiempo, deshabitado.

 

Luego de varios años, un inversor compró la propiedad y allí se mudaron algunas personas sin hogar y también gran cantidad de vendedores ambulantes, muchos de ellos originarios de Medio Oriente, que vivían de vender en los edificios públicos de La Plata.

Este nuevo flujo inmigratorio trajo una nueva oleada de comentarios. Se decía que dentro de esas habitaciones se guardaba un arsenal de armas blancas, que sus habitantes eran profesionales en el manejo de navajas y que las canastas donde llevaban sus productos eran pura máscara.

Pasaron a ser delincuentes, traficantes, navajeros, pungas, cafiolos y prostitutas. Como consecuencia de la animosidad contra los vecinos de las Mil Casas algunos pasaron a llamar este barrio como “La Leonera”, y a señalar que cualquier hecho delictivo de la zona era un producto directo de la presencia de los inmigrantes de origen sirio-libanés o árabe.

Finalmente, Ema de la Barra, original propietaria de Las Mil Casas, se casó con el periodista y legislador provincial Julio Llanos y desarrolló una carrera como escritora, convirtiéndose en la primera mujer novelista de la Argentina.

Se destacó con la novela Stella, que fue el primer bestseller nacional. Atrás había quedado el emprendimiento que había iniciado junto a su difunto esposo y el recuerdo de un barrio que, con su presencia y mitos, trasformó la historia de Tolosa.


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