Recopilación por Oscar Labadie

 

La historia de Tolosa parece estar signada por grandes pérdidas en materia de fuentes laborales. Conocido es el tema de los talleres del ferrocarril, que en enero de 1905 fueron transferidos a Liniers, hecho que representó un fuerte golpe para la localidad, que había crecido al amparo de la actividad ferroviaria.

Pero mucho más acá en el tiempo, y a muy poca distancia de los abandonados galpones –que por momentos tuvieron un ritmo infernal de trabajo para la atención de locomotoras y vagones– se levantaron otros talleres, los de Vialidad Provincial.

En su mejor momento llegaron a albergar a más de 600 operarios, pero de la noche a la mañana, un gobierno militar se encargó de desmantelarlos. Hoy allí funciona una dependencia del Ministerio de Desarrollo Social. Estos talleres existieron por más de 20 años en 3 entre 522 y 523, sirviendo de apoyo para los regionales de las 12 zonas que poseía la Dirección de Vialidad de la provincia de Buenos Aires.

El ingeniero Ricardo Ortiz estuvo al frente de los mismos, conocidos como unos de los más importantes en Sudamérica, respecto al mantenimiento y reparación de máquinas viales.

Ortiz nació en Villa Iris, un pueblito cercano al límite con La Pampa, el 23 de julio de 1919. Allí se habían radicado sus padres dos años antes, para luego mudarse a Hucal, un centro ferroviario en donde empezó a escuchar los primeros relatos sobre Tolosa, de jóvenes aspirantes a maquinistas que eran enviados allí para hacer las primeras prácticas en el ferrocarril Bahía Blanca Noroeste, que llegaba hasta Santa Rosa.

Ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-matemáticas de la UNLP (hoy Ingeniería) como becado por ser el mejor promedio de la Escuela Industrial Superior de la Nación. Sus estudios se orientaron a la mecánica, pero cuando se creó la Ingeniería Aeronáutica, se inclinó hacia ella.

Comenzó a trabajar como ayudante inspector en la Dirección de Aeronáutica Civil de la Nación, lo que le permitió interiorizarse de todas las novedades de la aeronáutica. Pero cuando esta dependencia pasó a la órbita militar, decidió renunciar. Luego pasó por la compañía Alfa, en la que fue jefe de motores, hasta que decidió alejarse de la empresa.

En el año 1957, la Dirección de Vialidad inició un importante plan de construcción de caminos y mejoramiento de la red vial existente. Esto necesitaba tener un apoyo en el mantenimiento de los equipos, por lo que se ordenó llevar los talleres de El Dique a Tolosa.

Al ingeniero Ortiz lo nombraron gerente general y se rodeó de gente con experiencia, confeccionando un plan de reorganización, con una estructura moderna de manejo industrial. Tenía a cargo unas 3.000 máquinas en toda la Provincia. Era la época de Arturo Frondizi y la tarea para el ingeniero Ortiz era montar una estructura nueva y darle vida. Esto lo obligó a una larga permanencia en la planta, por lo que decidió mudarse a Tolosa.

Se construyeron edificios adecuados, se implementaron nuevas técnicas de mantenimiento basadas en la prevención y se le dio otra concepción a la actividad, creándose las líneas de montaje. Los talleres supieron tener máquinas de gran valor y alta tecnología, por lo que vino gente de distintos países a observar su funcionamiento. Muchos operarios se capacitaron en el exterior. En la época de máximo esplendor se reparaban seis motores diesel por día.

Luego de tanto esplendor, cuando el país cayó en el oscuro proceso de “reorganización nacional”, los talleres fueron desmantelados y volvieron a El Dique. Distintas dependencias oficiales deambularon, como fantasmas, por los galpones que hoy muestran las consecuencias del implacable paso del tiempo y el abandono de un emprendimiento que fue reconocido en Sudamérica como un logro admirable aunque hoy, casi nadie recuerda.


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