Recopilación por Oscar Labadie

Claudio Gómez había quedado en cenar en lo de su amigo Carlos Guerrero, en 524 entre 3 y 4. Pero terminó atrapado en un altillo, con los Guerrero, su esposa Paula y sus hijos Agustín (15) y Catalina (11), con dos metros de agua abajo, hasta que los sacaron en un gomón.

El plan era volver después de la sobremesa en su auto, pero no lo pudo usar esa noche porque se lo llevó la corriente y quedó arruinado. Se fue en gomón. En su casa de Villa Elvira, del otro lado de la Ciudad, donde habría estado si no hubiese ido a comer a lo de Carlos, no se juntó ni una gota de agua.

Estela Torres (de 70 años) vive sola en un PH (pasillo al fondo) de Tolosa. En minutos nomás, el agua le subió hasta el cuello y ya no tuvo donde refugiarse. Flotaba la heladera, flotaba su cama, flotaba todo. Pensó que moriría ahogada hasta que un vecino le arrancó la puerta a patadas y pudo salir, nadando.

No sabe cómo, pero se nadó el pasillo entero, de 30 metros, hasta una cabina de esas donde iban, antes, los tubos de gas. Y se quedó ahí, empapada, marcada para siempre por el miedo a la lluvia. El agua en el pasillo alcanzó más de un metro setenta de altura.

El héroe

Alan Faucheux es guardavidas profesional y buzo avanzado. Vive en 527 entre 13 y 14. Gracias a su entrenamiento y su capacidad para rescatar en el agua, Alan pudo salvar a 15 vecinos y seis perros del devastador diluvio que inundó casas y convirtió en furiosos ríos las calles de Tolosa, uno de los barrios más afectados por la inundación.

Todo comenzó el martes 2 de abril de 2013, alrededor de las 19.30, cuando el agua ya había dejado en condición de vulnerabilidad a muchas personas con dificultades para ponerse a salvo por sí solas. Tenía un metro de agua en la planta baja de su casa, pero cuando escuchó ruidos extraños y salió: encontró en la calle a gente de todas las edades, atrapadas en el agua.

Nadó hasta alcanzarlos y los llevó hasta sus casas. A unos los cruzó llevándolos a upa, especialmente a la gente mayor o de poca estatura, y a otros, que podían caminar, los ayudó a cruzar las calles. Conocía a todos los vecinos que rescató: Eduardo, Silvia, Susana y la mamá, Leticia, Juanita, Fabián, Mariano, Florencia, Javier, Graciela, la familia Colazzi y algunos nenes.

No conforme, siguió con el rescate de animales. Mientras transcurrían los rescates en forma incesante, Alan también pensaba en su padre, Eduardo, quien trataba de regresar a la casa de la calle 527 en bicicleta y quedó varado en la Plaza Belgrano, en las gradas de 13 entre 39 y 40, hasta el día siguiente.

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