Recopilación por Oscar Labadie

Matías Behety nació en 1843, en Montevideo, y el destino quiso que terminara sus días en el Hospital de Melchor Romero de La Plata. Aunque vivió en Buenos Aires, en donde ejerció un periodismo múltiple y versátil, es considerado el primer poeta platense.

Estudió Derecho sin llegar a diplomarse. Tuvo amigos de la talla de Julio Argentino Roca, Manuel Quintana, Victorino de la Plaza y Olegario Andrade. Miguel Cané lo recuerda con gran emoción en su obra Juvenilia: Nunca se impone a mi espíritu con más violencia el problema de la vida, que cuando pienso en ese hombre.

Escribió poemas que, en su mayoría, se perdieron por su extraño hábito de utilizar numerosos seudónimos para sus trabajos y su espíritu bohemio que le impidió reunir de manera ordenada sus escritos.

Toda su obra tiene una fuerte impronta romántica. Matías era simple y sentimental como un niño, pero las noches de bohemia lo llevaron al alcoholismo: era un apasionado del ajenjo.

Intentó encaminar su vida y formar un hogar, pero la tragedia signó su destino. Su noviazgo con María Lamberti duró poco. La joven falleció y su vida se precipitó. Matías se sumió en la más profunda depresión. La muerte de su joven amada, hermana de Antonio Lamberti, agravó su alcoholismo. A este último poeta, le dedico “María” que dice:

María

A mi amigo Antonino Lamberti

Hacia tu hogar encaminé mi paso

Y me detuve trémulo en su puerta!

El sol se sepultaba en el ocaso,

Y al abrazarme me dijiste: ¡muerta!

La sombra me inundó. El alma entera

En un sollozo se agotó doliente,

Al mirar esa hermosa primavera

Desmayada en el rayo de su oriente.

¡Muerta!, exclamé, y respondiste: ¡muerta!

Delante su ataúd caí postrado...

Cerré los ojos y la vi despierta,

Su angelical semblante iluminado!

Me hablaba, y sonriendo enternecida,

Envuelta en nubes de flotantes velos,

¡Ah! no lloréis, me dijo, mi partida:

Yo era la desposada de los cielos!

Las amarguras porteñas lo trajeron a La Plata, en donde intentó desarrollar una actividad periodística y dejar atrás un pasado difícil. Pero no bastó. En 1884 el periodista Francisco Uzal lo encontró en Tolosa y lo llevó a la ciudad capital para integrar el plantel del diario La Plata, donde inició una tarea promisoria. Pero la enfermedad y el alcohol pudieron más que el trabajo y los esfuerzos de sus amigos. Su frágil cuerpo enfermó de tuberculosis pulmonar.

El 14 de agosto de 1885 fue internado en el Hospital de Melchor Romero. Los registros de la época lo recuerdan como un paciente más, identificado con el número 553 desde la fundación del establecimiento, apenas un año y medio atrás. Pese a no haber concluido su tesis, el registro de Guardia lo inscribió como abogado. Estuvo convaleciente durante 15 días. Falleció el 29 de agosto de 1885.

Allí comenzó la otra parte de la historia de Matías Behety. De acuerdo con las crónicas de la época, a sus exequias asistieron Quintana, De la Plaza, Uzal, Lamberti, Leandro N. Alem, Manuel Jiménez, Florencio Madero, Ambrosio del Molino Torres, Juan Larrocide, Manuel Lascarete, Pedro M. Quevedo, Adolfo Serna, José Figueroa, Eduardo Souza, Facundo P. Leguizamón, Joaquín Molino Torres, Zenón Corral, Enrique Tuñon, Camilo Issla, Ricardo Feraldo, Feliciano Delgado, Ezequiel de la Serna, Ernesto Landicar, Alejandro Bacesque y otros amigos porteños.

Sus restos fueron a dar al desaparecido Cementerio de Tolosa, cerrado en 1896 por falta de capacidad y serios problemas estructurales. Esto motivó el traslado de muchos cadáveres, entre ellos el del poeta Matías Behety. Fue entonces cuando la leyenda popular le devolvió al marginado escriba, la gracia que perdió en vida bajo el castigo del alcohol.

Al mudar sus restos hacia el actual Cementerio de La Plata, los empleados fúnebres advirtieron que su cadáver se conservaba intacto, incorrupto y fosforescente. Y es expuesto públicamente como una curiosidad: lo llamaron “la momia de Tolosa”.

El escéptico bohemio se convirtió en leyenda, pero no por su poesía. Antonio Lamberti reconoció que el muerto era su amigo. La familia, en su nueva cripta, erigió un busto de mármol para perpetuar su rostro.

(Foto Misceláneas Marítimas)


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