Recopilación por Oscar Labadie

Emma de la Barra (1860-1947) nació en Rosario en la época de la presidencia de Nicolás Avellaneda. Su padre, Federico de la Barra, fue periodista, político y senador por Santa Fe. Su madre, doña Emilda González Funes, fue una dama de la sociedad cordobesa.

Ya adolescente, Emma asistió a reuniones literarias y culturales mientras se asomaba a mitines obreros. La casaron con un tío carnal, hermano de su padre. Fue un matrimonio por conveniencia (de otros, claro está). El tío-marido de Emma la doblaba en edad y la redoblaba en fortuna.

Se mudaron a Buenos Aires, donde Emma prosiguió con sus actividades socioculturales y ofreció conciertos de piano y canto. El tío-marido la consentía en cualquiera de sus actividades. Durante esos días, ella descubrió su vocación de escritora. Poco faltaba para que se le ocurriera la novela que llevaría por título Stella y que firmaría con el seudónimo de César Duayen.

El texto revelaba su propia vida

La protagonista es una señorita de clase alta obligada a casarse con un señor muy acaudalado. En un pasaje de la obra, una amiga opina de ella: “A Stella no le han enseñado a pensar”.

Stella tiene su contraparte en otro personaje interesante, Alejandra, quien dice como adelantando la voz de otras mujeres que se haría estampida y también cliché: “Una persona del género femenino tiene derecho a saber algo más que Colón descubrió América, tocar piano, cantar, coser y bordar en seda china”.

Alejandra armó su biblioteca con libros austeros que leen los hombres y el círculo de sus amistades la motejan “Alex”, masculinizándole el nombre. La autora, César Duayen, resuelve matar a Alejandra. En la novela, Stella significa la mujer horizontal, pisoteada cual una alfombra, mientras que Alejandra se animó a salir más allá de la puerta de calle.

Ya viuda, nuestra autora conoció a un periodista del diario La Nación, Julio Llanos, con quien se casó en segundas nupcias. Julio tenía la idea de organizar un concurso que premiara al lector que develara quién era César Duayen. Stella se había transformado en best seller, vendiéndose 9 mil ejemplares de un tirón.

El dueño de la librería puso un letrero avisando que la primera edición estaba agotada y asegurando a los frenéticos compradores que en tres días los estantes de la librería estararían repletos.

Nuevas ediciones fueron consumidas por un público ilustrado y también por un público popular, siendo Stella traducida al idioma francés. Un periodista de El Diario, Manuel Lainez, develó el misterio del seudónimo César Duayen: “Corresponde a una bellísima dama, la señora Emma de la Barra”.

Además de Stella, publicó Mecha Iturbe, en 1906, y El manantial, en 1908; pero ya los temas del Lejano Oeste invadían y Emma dejaba de interesar.

Además de escritora, Emma fue mujer de empresa y dueña de una muy considerable fortuna que resolvió invertir en la fundación de una ciudadela en el centro de la localidad de Tolosa, aún en proyecto fundacional. Le preguntaron cuántas casas integrarían ese complejo y Emma contestó: “Como mil casas”. En realidad serían 216 casas de techo bajo, tres habitaciones, un patio en común con aljibe de estilo colonial.

El drama para la fundadora fue que el doctor Dardo Rocha se le adelantó con otra fundación que consistió en la ciudad de La Plata y “las mil casas” estaban a medio construir. Cuando el pelotón de inmigrantes llegó para trabajar en las edificaciones platenses, se desparramó en conventillos y sitios vecinos al centro, que era el lugar de trabajo.

En 1882 fundaron La Plata y el ingeniero Otto Krause apresuró el evento de unos palacios y parques deslumbrantes, acompañado de Pedro Benoit. “Las mil casas” se terminaron en 1887. Fueron alquiladas a obreros del Molino La Julia.


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