Pasadas las 21 de este martes, La Plata tuvo el lujo y el honor de recibir la visita del artista inglés Paul McCartney –también considerado un líder espiritual– que hizo vibrar el Estadio Único, su público y los alrededores tolosanos, al ritmo de un vasto repertorio plagado de las canciones más conmovedoras que supo tocar como solista, junto a Wings y por supuesto, los inmortales The Beatles.

La previa en la que todos intentaron aguardar con calma aunque era imposible frenar la ansiedad, estuvo a cargo de El Kuelgue, banda porteña que fusiona diversos géneros pasando por el candombe hasta el freestyle, siempre con base en el humor.

Los pibes comandados por el vocalista y actor Julián Kartún, supieron desde las 19 horas ponerse al hombro el entretenimiento de los beatlemaníacos con mucho éxito y dignidad, sonando prolijos y confiados. Sin embargo el DJ Chris que los sucedió, cumplió a medias su cometido.

En un intento por hacer bailar a los presentes mezclando viejas y queridas melodías del cuarteto estrella con un poco de tecnología actual, terminó siendo chiflado a causa del \\\"dolor de oídos\\\" que provocaban algunos rocanroles con bases electrónicas bastante malogradas, confusas y descuidadas, de esas que si Pappo viviese estaría criticando horrorizado, hasta que finalmente llegara “la música en vivo tocada por seres humanos”.

Pero minutos antes de que el héroe de la noche diera la cara, unas pantallas encolumnadas en los laterales del escenario impactaron a la gente, dejándola hipnotizada. Fiel al estilo psicodélico característico de la década del 60, se proyectaron los –escasos pero vigorosos– años de la banda en imágenes; un collage que dejó en estado de trance a más de un hippie. Para felicidad de muchos, esa fue la temática visual que predominó durante todo el evento.

Tras un memorable paso por el Estadio Mario Alberto Kempes, donde saludó al público cordobés con un gracioso “hola culiados”, Sir Paul comenzó esta vez con un tímido “hola chicos”, aunque con el correr de las tres horas se soltó, dirigiéndose a los melómanos y arengándolos en varias ocasiones.

Para sorpresa de quienes prefirieron no leer con anticipación la lista de temas, el exBeatle arrancó su ansiado show nada menos que con “A Hard Day’s Night”, ideal para las 50.000 almas que estuvieron desde temprano al mediodía, copando bastante desorientadas las avenidas principales, en especial la 32.

 

A continuación, medio centenar de inolvidables canciones programadas en un listado que no varió mucho en lo que va de la gira “One on One”, sonaron dentro y fuera del predio. “Eleanor Rigby”, “Something”, “Let It Be”, “Hey Jude”, “Blackbird” y “Yesterday” fueron las más coreadas. Comparado a otros conciertos de similar magnitud el público se mantuvo bastante pasible: claro que en momentos tan solemnes como este, lo mejor era disfrutar.

Probablemente no por sobreventa de entradas, sino más bien por arte y causa del rock, muchos titubearon ante la falta de aire que provocaban los aludes de personas saltando en comunión, mayormente las mujeres debido a su menor contextura–, quienes también fueron las que más lucharon por ver al “chiquitín” de Paul a la lejanía, en un escenario que pudo haber sido más alto para beneficio de “los del fondo”.

Aunque en general derrochó simpatía, por momentos el protagonista de esta noche de ensueño no escondió la tristeza de su mirada, ante el recuerdo de aquellos personajes de su historia que ya no están. Así fue como homenajeó a sus grandes amigos y compañeros de banda John Lennon y George Harrison, además del recientemente fallecido George Martin, considerado el quinto Beatle.

Sus esposas también tuvieron un lugar predilecto en la función. El artista primero dedicó un tema a su actual mujer Nancy Shevell, con quien contrajo matrimonio en 2011; y luego al gran amor de su vida, junto a quien formó el grupo musical Wings, Lady Linda Louise McCartney, fallecida a los 56 años (1998) por un cáncer de mama.

Hacia el final del concierto, con un impecable despliegue de los virtuosos y carismáticos músicos Rusty Anderson y Brian Ray (guitarras), Abe Laboriel Junior (batería) y Paul Wix Wickens (teclados), el cantante tuvo un gesto especial.

Invitó a subir al escenario a Leila Lacaze, una nena de 11 años que en vez de darle su peluche para autografiar, le pidió tocar el bajo junto a él. Sorprendido y entre risas, Paul aceptó con gusto mientras el instrumento preparado por la producción (cuyos miembros juraron este miércoles que la idea fue espontánea y casual), llegaba a manos de la niña.

Inmediatamente sonaron los acordes de “Get Back”, mientras Mariana la mamá y verdadera fanática, miraba a Leila sin poder creer lo que estaba sucediendo. En un inglés básico le expresaron su cariño y luego del recital comentaron los nervios que vivieron, anulados por supuesto con el privilegio de haber vivido una experiencia incomparable.


En esta sección

pub1
PUB2
pub3