Por Norma Gatti (*)

Brillan como si los hubieran encerado, o si les hubieran pasado ese producto de brillo instantáneo que no necesita lustradora.

Allí están perfectos, en hileras casi milimétricas, sanitos como recién salidos de fábrica. No se les notan los 200 años ya cumplidos. Cuántos hombres de manos curtidas habrán trabajado para colocarlos así tan prolijos y formando cada tanto un dibujo en semicírculo, seguramente en tiempos de verano al rayo del sol que les curtió la cara, o en invierno con viento frío por la mañana temprano pisando escarchas.

¡Soportaron tantos pasos! de carruajes, de caballos con herraduras; de largos cortejos fúnebres; de gente yendo y volviendo de los corsos o de los bailes de los clubes de barrio en carnaval; de comparsas: de desfiles en fiestas patrias; de avances de tanques de guerra en tiempos de revolución. Y allí están, intactos, casi sonriendo, orgullosos de ser los mejores.

Cuando llueve el agua corre y drena entre sus uniones. En algunas de esas uniones crece pastito muy verde que les queda lindo.

Los camino a diario, creo que son inmortales, tan fieles son que si alguno se desprende de su lugar y queda por ahí suelto, alguien lo recoge y se lo lleva a su casa y sigue viviendo adornando algún jardín o patio, o sólo, en una vitrina o estante como recuerdo por ser una “pieza antigua”.

Hay quienes dicen que hay que sacarlos y reemplazarlos por que ellos rompen los amortiguadores de los autos; ¡Qué locura!

Hay una línea bien marcada que los separa del asfalto, ese asfalto moderno compuesto de alguna mezcla de arenilla piedritas y brea que al rato nomás de colocado se vuelve a romper y queda un agujero, el famoso “bache” que, Dios me libre si a mediana velocidad nomás algún auto le pasa por arriba, nos duele el ruido, ese ruido que nos deja sin respiración.

Ellos parecen reírse al compararse y parecen decir “a ver si te animás” a cumplir tantos años y estar intacto, sin salirte de tu lugar, sin romperte, sin gastarte y seguir brillando a pesar de todo los que nos pasó por arriba.

¿Saben qué? El asfalto sirve para las rutas, para las autopistas para muchos lugares seguramente, pero en Tolosa los adoquines son los reyes de las calles. Ojala nadie se atreva a quitarlos y puedan ser “patrimonio histórico”.

Poesía HAIKU

“El brillo está

Camino de luna gris

Asoma por luz”

(*) escritora tolosana.


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